Solo una horita

Las personas somos animales de costumbres, ese es un dicho que he escuchado desde pequeña. Lo cierto es que, visto lo visto, puedo decir que en mi se cumple al ciento por ciento. Soy un bichito de costumbres. ¡Qué le voy a hacer, la vida me ha hecho así!

Debo reconocer que las rutinas me vuelven loca. Soy una soñadora, pero que nadie me quite mis costumbres. Cuando el sol se alía conmigo, en el fondo es muy caprichoso, toco la gloria con mis labios. Esos días, me encanta salir después de comer con Andrea al parque. Ella pasa a recogerme y nos vamos a uno que hay cerca de casa. Allí pasamos una horita más o menos. Andrea, el sol y yo. Los tres en una extraña, dulce y maravillosa armonía.

Al principio, de camino al parque, la charla es animada. Andrea es una cotorra, así que la dejo divagar. La escucho con atención, aunque como si de un “mantra” se tratara, el ritmo, el tono y las palabras empiezan a encajar siempre de la misma manera. Siendo sincera, os puedo asegurar, que hace años que no sé lo que dice, pero la cantinela me sabe a gloria. Es una especie de canto gregoriano entonado en la mayor catedral del mundo ensalzando la gloria del dios Sol.

Día tras días, cuando su majestad quiere, semana tras semana, en el mismo parque, mes tras mes, con la aquiescencia del astro más poderoso, año tras año, en el mismo rincón, bajo el mismo árbol, Andrea, mi fiel Andrea, él, grande, poderoso, caliente, rey y yo nos juntamos.

Cierro los ojos, los párpados para ser justa, e intento mirarlo de frente. Naranja inmenso tornando a rojo vida. Miles de motitas negras sobre el lienzo fulgurante que intento atrapar con la mirada. Imposible, noto como los globos de mis ojos se mueven bajo los párpados en pos de esas minúsculas partículas, pero estas corren más, danzan al ritmo de mi mirada extasiada, escabulléndose una y otra vez.

Andrea sigue maldiciendo al mundo, sigue arreglando el mundo, sigue enojada con el mundo, sigue enamorada del mundo. Los rayos del sol me acarician, soy capaz, de muy tarde en tarde, eso sí, de sentir todos y cada uno de los rayos del sol. No me preguntéis como lo hago o si es verdad, solo os puedo decir que, en esas escasas ocasiones, siento como si cada rayo decidiera acariciarme la piel por si mismo. ¡Bendita rutina!

Andrea necesita desahogar su alma a borbotones por la boca. Hace años que no sigo el hilo de sus palabras, ni falta que hace. Es música celestial para mis oídos y aunque no lo fuese tarde o temprano debía aceptarla como parte de mi rutina. Mejor pues que me suene tan bien.

No cambiaría esos ratos por nada del mundo. ¿Soñar? Claro que sueño. Sueño otros mundos. Sueño otras vidas. Sueños otras historias. Sueño mucho, pero que le vamos a hacer, disfruto de los sueños pero me quedo con mis costumbres. Es curioso, aunque no lo creáis, he llegado a creer y no pocas veces, de hecho cada vez más tengo la sensación, en ocasiones la certeza, de que mis rutinas, mis costumbres, ayudan de alguna forma a mejorar el mundo, a engrandecer a las personas, a transmitir amor y felicidad. Sí, ya os estoy escuchando: ¡Valiente chorrada! Pero lo creáis o no, así lo percibo en muchos momentos.

Sueño. Se soñar. Me gusta soñar, pero he encontrado el sentido de mi vida. ¿Fácil? No, para nada, más bien todo lo contrario, pero quien dijo que la felicidad la regalan. De hecho mi querida Andrea sigue peleando con la vida en busca de su sitio, pero ese es su camino yo ni puedo, ni debo hacer nada. Solo ella y nada más que ella debe encontrar el equilibrio, la armonía.

¿Qué me conformo con muy poco? Según y como. Nadie sabe, ni debería valorar el porque de nuestra felicidad, de nuestro equilibrio, de nuestra armonía, de nuestra paz. De hecho, me ha costado mucho llegar hasta aquí.

Solo una horita. Cuando el sol quiere. Solo una horita con Andrea salmodiando. Solo una horita, después de comer. Solo una horita para regalarme. Solo una horita para tributar a la vida por permitirme forma parte de este mundo. Solo una horita al día, no todos los días, para ser momentáneamente eterna, feliz, única, grande, diosa. Solo una.

De vuelta a casa, Andrea me limpia la baba que de forma natural y constante resbala de mi boca. De vuelta, en casa, Andrea me cambia el pañal lleno de excrementos. En mi cuarto, Andrea me acomoda en mi silla de ruedas frente al televisor, farfulla algunas palabras, el final de su letanía diaria. Con sus dedos acomoda con cariño mi cabello, me da un beso con dulzura. Tantos años después sigue creyendo que no entiendo. Mi sonrisa sigue perenne, mis ojos llenos de gratitud, mi alma agradecida. Mi ser anhelando la próxima horita.

¡Gracias a la vida!

Anuncios

Acerca de Santiago TO Santiago

La vida te mata y te da vida... las autopistas se convierten en veredas que obligan a sacar lo mejor de tí....
Esta entrada fue publicada en Santiago SIGUE TO Santiago y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Solo una horita

  1. ISABEL dijo:

    Me encanta, me emociona!! cuánto trasmites amigo!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s