arrugada

Amado Hatri:

Le he pedido a mi amigo Samuel que te entregue esta carta. Aunque hace más de un año que no se de ti, confío en la grandeza de Alá y tengo el presentimiento de que te encuentras bien.

En la distancia, te siento como si estuvieras junto a mí. Aún recuerdo como me convenciste para que te dejara marchar. Tuve que aprender a convivir con el miedo a perderte, porque tu ilusión, tus sueños, tus deseos eran lo primero y más importante para mí. Tu madre también lo hubiera querido así.

Yo sigo bien, más viejo, más tranquilo, más feliz.  Necesito poco para vivir. Imaginar tu vida en Madrid alimenta mi alma y mi gozo. Aunque no lo sé, tengo la certeza interior de que estarás progresando a base de esfuerzo, de trabajo, de perseverancia, de honradez, de respeto y dignidad. Esos valores son la única herencia que, este viejo que te ama, te pudo entregar el día de la partida. Tengo la fe y la esperanza de que ellos estarán geminando y creciendo en tu interior.

Sueño con tu prosperidad, que crearás una familia para honrar a Dios siguiendo las huellas del Profeta. Que me bendecirás con nietos. Sueño contigo, un hombre justo y feliz, en esa tierra que es España , a la que tu le llamabas el paraíso.

También sueño con poder verte, abrazarte y besarte una vez más antes de morir.

Que Dios reúna nuestro distanciamiento.

&&&

papelarrugadoHatri leyó la carta sin inmutarse. La sostenía con la mano izquierda, mientras la vista permanecía sobre la misiva, apretó el interruptor que bajaba la ventanilla. Sin alterarse, sin emoción, sin un gesto que denotara sentimiento alguno, arrugó la carta, se la pasó a la mano derecha, siguió apretándola unos segundos más y la arrojó a la calle.

– ¡Para! – ordenó y sin mirarme señaló la puerta para que me apeara.

Os podéis hacer una idea de cómo se me quedó el cuerpo y el ánimo. Parecía una parte más del mobiliario urbano. Inmóvil, frente al coche de Hatri. Justo cuando creí que el vehículo reanudaría la marcha, él sacó la cabeza por la ventana y me miró.

– España es un infierno, como Marruecos, como Europa. Ni Alá, ni el esfuerzo, ni el trabajo, ni la perseverancia, ni la honradez, ni el respeto, ni la dignidad, ni los sueños, ni los viejos que beben té. Si quieres triunfar solo hay un camino, ser un de ellos, en caso contrario solo puedes ser un desgraciado más en medio de todos estos desgraciados.

Dio unos golpecitos al asiento del conductor, mientras subía la luna de su ventanilla y desapareció de mi vida.

En el autobús, de vuelta a casa, bueno a mi ciudad, porque la casa se la había quedado el banco, iba con la moral por los suelos. No entendía la jugarreta que el destino me acababa de hacer. Hatri no era mi hijo, pero lo que me dijo me dolió tanto o más que si lo fuera. La pena por Mohamed atravesó mi corazón. ¿Por qué? Otra vez haciéndome esa pregunta. ¿Por qué?

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Acerca de Santiago TO Santiago

La vida te mata y te da vida... las autopistas se convierten en veredas que obligan a sacar lo mejor de tí....
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