¿Porqué?

uciResultó casi imposible arrancar a Yusuf de la cabecera de Tarik. El golpe en la cabeza, mientras faenaba en el barco, le había producido un fuerte traumatismo cráneo encefálico. Llevaba unos 15 días en estado de coma. Los médicos habían hecho todo lo posible por recuperarlo, ahora Alá tomaría la decisión que considerase más oportuna. Yusuf sufría por su padre. No mostraba ningún signo de remordimiento o arrepentimiento por lo que estuvo a punto de hacer. Había elegido marchar al encuentro de su madre, pero ahora había decidido estar en lecho de su padre moribundo.

El abuelo, también junto su hijo, se encomendó a la intercesión del Profeta. Yo ayudaba en lo que podía, a la vez, me cercioraba de que el joven no cometía ninguna imprudencia. Lo cierto, es que desde el desgraciado accidente, alternaba momentos de pánico con otros de total compasión y entrega hacia el pobre Tarik.

En los ratos en que me quedaba a solas con Tarik, le miraba e intentaba explicarme el porqué de las cosas. Yo debería estar muerto, más que muerto. En cambio, estaba en el lecho de Tarik esperando que ella se lo llevara. Lo curioso es que no quería que la parca triunfara en esta ocasión, pero tampoco estaba dispuesto a ofrecerle mi alma a cambio. Allí en la soledad del hospital, tomé conciencia de lo maravillosa que puede resultar la vida, a pesar de las dificultades, de los obstáculos.

Inmóvil, parecía un vegetal, pero no lo era. Estaba luchando, no quería abandonarnos. No me preguntéis como lo sabía, era más una sensación o un deseo que una evidencia. Aunque no movía un músculo, luchaba, eso lo percibía nítidamente. En la quietud de una de esas noches interminables. Envuelto en esa penumbra creada por las luces rojas, verdes o azules de las maquinas que asisten al enfermo y lo sujetan a la vida. En medio de una de esas odiosas e incomodas cabezadas en los ortopédicos sillones de hospital. Vi, sentí, soñé como Tarik se iba con ella, pero en un último esfuerzo, titánico, consiguió desasirse de su mano. El sonido descontrolado de las maquinas me despertaron. Tarik me estaba mirando fijamente con una leve sonrisa en los labios. Extenuado y sudoroso tras la cruenta y desigual lucha.

La convalecencia fue larga y penosa para Tarik. Meses de llanto. Agallas para superar el dolor. Meses de apretar los dientes. Voluntad para no cejar en el empeño. Meses de lucha. Fuerza para trabajar hasta la extenuación e ilusión, mucha ilusión por vivir. Meses de vida.

Me sentía abrumado por el agradecimiento que todos ellos me profesaban. Es cierto que aquel hospital privado, porque en Marruecos también existe sanidad de dos velocidades, lo estaba costeando yo con mis ahorros. Al menos eso era lo que todos pensaban.  No dejaba de resultar una especie de mofa del destino, de la vida, de la muerte o de todos ellos al mismo tiempo, si es que destino, vida y muerte tienen entidad propia e individual. El dinero de Juan para Isabel y Yusuf estaba pagando la recuperación de Tarik, quien le había arrebatado el niño a su madre.

A pesar de ello, tenía la certeza de que estaba haciendo lo adecuado, además las miradas cómplices del joven Yusuf daban respaldo a mi decisión.

Los meses pasaron, la libertad que me ofrecía la gran capital, permitió que mantuviera al tanto a la pobre Isabel, quien volvió a dar muestras de una entereza tremenda, una gran capacidad para amar y, sobre todo, una predisposición absoluta a la esperanza.

Juan, Isabel, Mohamed, Yusuf, incluso Tarik, todos ellos, me estaban convirtiendo en una persona nueva. Sin duda, ese tiempo ha sido de lo mejor de mi vida.

– Profesor – estábamos solo en la habitación del hospital – Aquel día, cuando el accidente, se llevaba a Yusuf de vuelta a España. ¿Verdad?

La cara me declaro culpable desde el primer instante. Fue la contra definitiva que manda a la lona al mejor de los púgiles. No sabia que decir, no supe, ni pude inventar excusa alguna.

– Samuel, me equivoqué, cometí un grave error. Ni Yusuf, ni mucho menos Isabel se merecían lo que hice – ahora mi perplejidad resultaba hasta cómica.

Luego, con tranquilidad, con tiempo para reconciliarse con él mismo, se desahogó. El paro, las miserias, las miradas xenófobas de aquellos que tienen hambre en su propia tierra, fueron minando la moral de Tarik. Ese estado de ánimo y esas condiciones de vida son el abono perfecto para que mentes retorcidas siembren el mal, ya sea en nombre de Alá o Jesús, ya sea en nombre de la libertad o de la seguridad. El mal escoge al débil para vencer al bien. Es difícil sobreponerse a tantas dificultades, muy complicado seguir luchando con dignidad,  seguir respetando, cuando te prometen la felicidad absoluta a cambio de dejarse llevar.

Retomamos el plan inicial por expreso deseo de Tarik, quien todavía no se encontraba con las fuerzas suficientes de enfrentarse a sus diablos.

¿Quién sabe? – dijo a Yusuf – Yo al menos no perderé la esperanza que tu madre nos ha regalado. ¿Quién sabe, quizás más pronto de lo que pensamos?

Tarik besó en la frente a su hijo, mientras se abrazaban como un padre y un hijo deberían hacer todos los días. ¡Debería! ¡Debería yo!

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Acerca de Santiago TO Santiago

La vida te mata y te da vida... las autopistas se convierten en veredas que obligan a sacar lo mejor de tí....
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