La elección de Yusuf

Mi amado lobito:

No se por donde empezar. Antes que nada, quiero que sepas, que cada día te quiero más y más. Sueño con estar en la cocina, preparando las croquetas de la abuela Carmen para la cena,  mientras tú, me cuentas las historias del cole.  Hasta deseo discutir contigo para que te vayas a dormir y luego ir a tu cama para desearte dulces sueños. Removerte el pelo hasta que te enfades, entonces como cada noche, tumbarme en la cama y  comerte a besos mientras te hago cosquillas.

Debería odiar a tu padre, pero no puedo hacerlo. Le conozco, puedo imaginar, aunque será difícil olvidar el daño que me hizo. Él te arrancó de mi lado.  Sé las presiones que en los últimos meses venía sufriendo por una parte muy pequeña, pero muy extrema y violenta de su comunidad musulmana. En pleno siglo XXI, aunque parezca mentira, todavía hay gente que es capaz de hacer daño en nombre de dios. Da igual el nombre que le den a ese dios, es la excusa de gente ruin y fanática. Yufito no juzgues nunca a nadie, bien o mal, según el dios al que rece.  Hazlo por respeto a ti mismo. Esto que te digo será difícil de entender ahora, pero no lo olvides cuando crezcas, estés donde estés.

Seguro que ya conoces a Samuel, el debe ser quien te entregue esta carta, confía en él. Lobito, al principio, cuando descubrí que Papá te había llevado a Marruecos, caí desolada. Al principio quise morir, pero es tanto el amor que te tengo, que me pude levantar de nuevo. Vivo triste pero llena de esperanza. Eres lo que más quiero en esta vida y ahora no estás aquí. No puedes imaginar el dolor que me produce ver vacía tu camita, ver los libros del cole en la mesita de estudiar. Solo la esperanza de volver a abrazarte, a besarte, a tenerte entre mis  brazos, me da la fuerza necesaria para vivir cada día.

Papá te quiere, nunca lo olvides tampoco, pero no se ha portado bien ni contigo, ni conmigo. Le conozco y sé que en el fondo tiene que estar sufriendo. Quiérelo mucho, pero no te olvides de mi. Hasta el último día de mi vida te estaré esperando. Nada ni nadie me hará desfallecer. Jamás perderé la esperanza.

Le he pedido a Samuel que, si tu quieres, te traiga de vuelta a casa. Quiero que seas tú, no tu padre, ni el fanatismo de unos cuantos, ni tu madre, los que decidamos tu  camino. Tienes una vida por delante maravillosa que vivir. Evita que nadie te la robe,  que nadie marque tu destino.

Si decides regresar, confía en Samuel como yo lo hago. Él ha aparecido en mi vida, en nuestras vidas, cuando más sola estaba para traerme palabras de amor. No se porque ha aceptado esta misión, pero le estoy eternamente agradecida.

Respetaré  tu elección, pero no olvides que ahora, mañana y siempre te estaré esperando.

Bendita esperanza que salva cualquier adversidad por dificultosa que parezca.

Bendita esperanza que alienta mi alma y me acerca a ti.

No lo olvides, ahora, mañana y siempre te estaré esperando.

Mamita Babel te ama con todo su corazón.

Muchos besos Yufito.

 

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elegir-el-caminoEl jovencito la leyó en silencio, para sus adentros. Si no hubiera sabido el contenido, no me hubiese costado mucho descifrarlo. Su rostro, espejo del alma, se iba agriando a medida que se tragaba una a una la palabras de Isabel. La añoranza, que también había sabido disimular desde que le conocí, se le dibujo de golpe. Ese jovenzuelo alegre, extrovertido, fue convirtiendo en un pequeño corderillo desvalido, perdido en mitad del campo, en una noche cerrada. A base de agachar la cabeza, pretendía esconder su tristeza, su soledad, la necesidad que todo hijo tiene de su madre, la seguridad de su regazo. Finalmente unas gotas se enfrentaron al papel emborronando las palabras. Lágrimas de madre y lágrimas de hijos unidas en el espacio a través del tiempo.

Cuando estaba leyendo la carta de Isabel, Yusuf parecía débil y perdido, ahora, mientras estaba metiendo algunas prendas en su mochila,  tras la trascendente y dura decisión tomada, parecía un joven adulto. El dolor, las decisiones, la elección con perdida, suele convertir a los niños en hombre. No titubeo, no tembló, había escogido el camino a recorrer y no había nada de lo que arrepentirse.

Yusuf no habría permitido que hubiese escrito mi carta del adios. La fortaleza de espíritu, la voluntad, la capacidad para asumir responsabilidades, que tanto me había faltado en los últimos tiempos, rebosaban en ese  hombrecito. Sentí mi corazón empequeñecer ante la energía que emanaba su figura.

 Los gritos nos sorprendieron justo antes de subirnos al coche. El terror se apoderó de mi. Tarde algo más que Yusuf en reaccionar. Este corría al encuentro de los hombres, cuando me di cuenta de lo que estaba sucediendo.

 ¡Papá¡ ¡Papá!

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Acerca de Santiago TO Santiago

La vida te mata y te da vida... las autopistas se convierten en veredas que obligan a sacar lo mejor de tí....
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