El cordero, el perro y el lobo (III)

… y el viejo. No podía ser, pero era cierto. El viejo bajo el árbol en el claro de la montaña. El viejo sentado avivando el fuego. El viejo. Sintió deseos de salir huyendo, sintió ganas de regresar para exigir explicaciones. Incredulidad, enfado, curiosidad, despecho y sobre todo mucha sorpresa. El corazón parecía que se le salía por la boca, no se había repuesto aún de la lucha a muerte con el lobo, cuando de nuevo se encontraba a punto de ebullición. Las emociones danzaban sin control, como poseídas, recorriendo cada centímetro de su cuerpo. Mientras a lo lejos, reinaba la calma más absoluta. El viejo árbol, el viejo más viejo aún, el fuego y una minúscula columna de humo. El anciano no levantó la cabeza en ningún momento, si le había visto no había hecho ningún intento por llamarle. Este pensamiento retorció aún más su estómago. De hecho, esa sensación de desprecio que experimentaba le hizo ponerse en marcha. Si se trataba de una macabra broma, pensaba, no iba a permitir que acabara así.

La escena se volvió a repetir. Él de pie frente al viejo, aunque a diferencia de lo ocurrido tres días atrás, la rabia dominaba el estado del joven.

– ¿Se ha divertido mucho? Tres días llevo esperándole. Tres días en los que he tenido incluso que luchar contra un lobo. Tres días y justo cuando me voy, aparece usted, seguro que viendo como me marchaba. ¿Porqué no me ha llamado? ¿Porqué no vino antes? ¿Porqué no me avisó sobre el lobo que merodeaba por la zona? ¡Eh viejo, le estoy hablando!

Escupió las palabras, una por una, hasta desahogarse. La sangre se le agolpaba en la cara mientras descargaba su ira. Cuando por fin no tuvo nada más que decir, el silencio se interpuso entre los dos. Alrededor de ellos el viento ululaba, las hojas se mecían, Los animales de la noche vivían ajeno a lo que allí estaba sucediendo. El jadeo acelerado del joven era el contrapunto a la respiración armónica y suave del viejo. La cólera fue dejando paso a la impotencia y esta a la sensación de estupidez. En el fondo, sabía que ese pobre e indefenso anciano no era culpable absolutamente de nada de lo que le había sucedido, ni tan siquiera le había prometido que pasaría a verlo.

-¡Por favor, siéntate y comparte un poco de esta infusión que estoy preparando!

El tono era casi hipnotizador, cuanto menos agradable y respetuoso. Avergonzado y arrepentido pidió disculpas, mientras tomaba asiento junto al fuego. Bebieron sin cruzar palabras. La calma volvió a hacerse con las riendas de su ser. La infusión, el fuego, la noche y la presencia del viejo le habían ayudado, sin duda, a relajarlo.

– He venido cada día para verte y hablar contigo. Hace dos días antes del almuerzo. Ayer a primera hora de la tarde y hoy al atardecer.

El joven se sintió perplejo e incomodo. Ciertamente él hubo abandonado cada día el lugar de encuentro. Recordó que el viejo le había hecho hincapié en que si regresaba, podía hacerlo en cualquier momento. Ahora estaba más sonrojado que antes, pero en esta ocasión fruto de la vergüenza que le embargaba. El anciano, aunque miraba fijamente la danza desordenadamente armónica y bella de las llamas de la hoguera, intuyó el azoramiento de su acompañante. Le pidió nuevamente con dulzura que le contara lo que le había sucedido durante los tres últimos días. La palabras empezaron a brotar, articuladas con dificultad al comienzo, para narrar lo acontecido. Le sentó bien el ejercicio de analizar en voz alta lo acaecido en aquel claro de la montaña. Mientras relataba los acontecimientos vividos con el cordero, el perro y el lobo, el viejo preparó otra infusión. Al terminar de referir la historia, recibió un vaso con la bebida humeante. El silencio, la paz se extendió entre ellos. La noche ya era cerrada. Esta vez, un cielo estrellado y una luna gigante, alumbraban la escena otorgándole un aura de magnificencia. Finalmente el viejo habló:

 

Desde que el hombre es hombre, este ha vivido en medio de una lucha si cuartel.

El hombre entre cielo y tierra.

El hombre entre el día y noche.

El hombre entre luz y oscuridad.

El hombre entre bien y mal.

Pero el hombre, siempre en medio, es dueño y señor para tomar partida en uno u otro bando.

Cada religión tiene sus propios nombres y personajes para explicar esto que te cuento. Demonio, Mefistófeles, maligno, satán, ángel caído, Mara, Madú, ego.

A lo largo de la historia del hombre, también los filósofos ha intentado explicar el porqué, el cómo, el cuándo, la esencia de esa lucha en torno al hombre. La eterna cuestión del bien contra el mal y la naturaleza humana.

Desde la humilde condición de este anciano, creo que todo es mucho más simple y sencillo. Se trata de la felicidad del ser humano. El hombre forma parte del universo. El sentido de nuestra existencia es la felicidad. Solo en esos pequeños instantes en el que, por cualquier motivo, nos sentimos felices, alcanzamos el equilibrio y armonía absoluta. Por lo general nos dura muy poco, pero intuimos la inmensidad de su poder benéfico.

Cada cual tiene sus deseos, sus anhelos, sus sueños. El tuyo puede ser el de enrolarte en un barco y conocer mundo. El de otra persona puede ser todo lo contrario. Todos tenemos sueños, más o menos ambiciosos, más o menos verosímiles, creíbles o alcanzables. Pero todos los tenemos, al menos los tuvimos cuando éramos niños. Cada vez que emprendemos el camino para intentar hacer realidad nuestro sueño, la felicidad, el amor, la positividad empieza a germinar en nuestro interior. A medida que avanzamos toda esa energía positiva crece, fluye y se derrama a nuestro alrededor. Todo eso provoca que las personas con las que nos relacionamos, las cosas con las que convivimos generen también amor y felicidad.

Pero mientras el universo llama a nuestra alma hacia la felicidad absoluta, hacia el equilibrio infinito, la tierra quiere atrapar nuestro cuerpo para hacerse más tierra, más fuerte, más poderosa.

La única forma que tiene la tierra de retenernos es la de evitar que seamos felices. No hablo de felicidad en términos materiales. Para ello debe evitar a toda costa que busquemos nuestros sueños. La mejor manera que tiene para apresarnos, es la de anular nuestra capacidad de elección. Esa es la única llave que tiene el ser humano para poder iniciar la búsqueda de la felicidad. Poder decidir, no te garantiza el amor verdadero, la armonía absoluta, la felicidad infinita, pero sin elección personal, te aseguro, es del todo imposible. El hombre es libre y si se le arrebata esa llave, será un infeliz. Será más cuerpo y menos alma. No hablo de ricos o pobres. ¿Cuántos ricos son profundamente infelices a pesar de tener todo lo terrenal a su disposición? ¿Cuántos reyes y gobernantes son tristes, amargados e infelices aún teniendo el poder sobre el pueblo? Por el contrario, conozco a enfermos y pobres que disfrutan cada segundo de su camino.

La tierra, la noche, la oscuridad, el mal intentan anular nuestra capacidad de decisión, de robarnos la única llave hacia la felicidad. Tiene muchas formas y maneras, pero una muy común es la de poner en nuestro camino a alguna persona infeliz que les pertenece. Ante todo sutileza. Atraen nuestra atención, luego intentan atrapar nuestro corazón. Si nos resistimos a abandonar la búsqueda de nuestro sueño, suelen aparecer ante nosotros como débiles corderos a los que solo nosotros podemos salvar. Si aún seguimos empeñados en ser libres y tomar el camino de los sueños, nos hacen sentir débiles ante las dificultades y el peligro como si fueran un perro guardián. Solo cuando presienten que nuestro deseo de amar, de buscar la felicidad, de tomar las riendas de nuestro destino es superior a cualquier otra cosa, sacan a relucir su verdadero rostro y se enfrentan a nosotros en una lucha cruenta y desesperada como un lobo hambriento.

Haz lo que quieras con tu vida, pero que sea solo tu decisión. No tengas miedo a equivocarte, porque aunque fracases en el intento, serás consciente de que fue tu elección y algo dentro de ti, te hará sentir en paz y armonía.

Tú decides.

 

Lloró mientras escuchaba. Cordero. Perro. Lobo. Lloró en paz un rato más. El viejo apuró el último trago de la infusión, luego abrazó con infinito amor al joven. Se levantó y se marchó con parsimonia, calma y mucha templanza en mitad de la noche.

Tú decides.

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Acerca de Santiago TO Santiago

La vida te mata y te da vida... las autopistas se convierten en veredas que obligan a sacar lo mejor de tí....
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