El libro mágico

lucha interiorSomos nuestro peor enemigo en la vida. Esto es algo que sabemos, pero somos tan sutiles a la hora de infringirnos daño, de aplicarnos el  castigo, que ni tan siguiera nos damos cuenta que hemos salidos derrotados de nuestra propia lucha. Es más, ni tan siquiera somos capaces de aceptar que hemos luchado y hemos perdido contra nosotros mismos. “La vida es así” solemos decir. Evidentemente existen otros enemigos, otras batallas, pero todos ( los enemigos) y todas (las batallas), pertenecen a una mis guerra, nuestra guerra por la felicidad, la guerra del amor.

responsabilidades” es el término eufemístico con el nos sentimos más cómodos. La familia, los hijos, el trabajo, la hipoteca, los prestamos, las amistades, los proyectos de otros o propios que no nos interesan pero que nos negamos a reconocer, los compromisos adquiridos, todo nos sirve para aceptar la derrota a manos de nosotros mismos, para dar por perdida nuestra vida, más bien por buena, por lógica, por normal, por aceptable nuestra existencia.

Pasan los segundos, los minutos, las horas, los días, las semanas, los meses, los años. Pasa la vida y nosotros, el peor de nuestros adversarios, no solo devoró nuestros sueños, sino que incluso de apropió de nuestro corazón. En una especie de autosíndrome de Estocolmo, nos aceptamos primero, nos comprendemos en un segundo  estadio, nos aplaudimos después y terminamos enamorados de nosotros, satisfechos con nuestra existencia, incluso lo pregonamos convencidos.

De tarde en tarde, generalmente mientras dormimos, en el mundo de los sueños donde somos infinitamente más poderosos, miramos nuestro espejo interior y  luchamos. Nos combatimos sin miedos, sin resuello hasta alcanzar la victoria absoluta. Enloquecemos en ese mundo maravilloso en el que nuestra sabiduría nos inunda, se desparrama, donde por fin podemos recuperar la fuerza de los vencedores, la inteligencia de los sabios, la inocencia de los puros. Todos se funde en nuestro ser: La fuerza de los fuertes, la inteligencia de los inteligentes, la inocencia de los inocentes. Todo fluye en nosotros y a través de nosotros, para nuestra felicidad y la felicidad del mundo. En ese instante la fuerza fuerte, la inteligencia inteligente, la inocencia inocente nos convierte de nuevo en un niño y nos permite hacer realidad nuestros sueños, nos acerca al equilibrio, nos amamos, nos vencemos.

Luego despertamos, en nuestra cama estamos con nosotros mismos. Durante unos segundos seguimos en paz, en equilibrio, lleno de amor, lo notamos en cada centímetro de nuestro cuerpo, incluso dejamos escapar, alguna vez, en voz alta aquello de “he tenido un bonito sueño” para continuar momentos después con un “pero no recuerdo casi nada”. Ahí estamos, enemigos entre nuestros enemigos, dispuestos para ejercer la autotiranía.  Nuestra esclavitud diaria continúa.

No sé cuantos libros habré leído, muchos. Más de cien, más de doscientos, seguro y muchos más. Jamás leí por segunda vez un libro, conozco gente que son capaces de hacerlo tres y cuatro veces, que descubren nuevos matices. He repetido autores hasta cansarme de ellos. He repetido temáticas hasta intuir lo que estaba por leer. He repetido estilos literarios y nunca releí de cabo a rabo ninguno. Cuando tengo entre mis manos un libro ya leído o alguien me cuenta sobre uno de ellos, de todos guardo algún recuerdo, unos más nítidos que otros. Todos forman parte de mi en mayor o menor medida. Cierto es que algunos están muy presentes. Unos pocos están señalados en mi cabeza para releerlos algún día, pero hasta la fecha jamás había encontrado el momento o la oportunidad para hacerlo, siempre había una historia nueva, otro libro por conocer. Había ojeado muchos de mis libros antes por distintos motivos, generalmente buscando una cita, un dato, un diálogo que por alguna circunstancia externa necesitaba, pero nunca repetí la lectura completa de uno ya leído.

libromagicoHace unos días,  en una de esas obligadas limpiezas generales que se hacen muy de tarde en tarde, donde todo se mueve de sitio, donde el caos se apodera de tu casa, tuvimos que llevar de un lado a otro toda la biblioteca. Ellos pasaron de nuevo por mis manos. Limpiándoles los lomos y las tapas, ordenándolos, colocándolos finalmente en su sitio justo. Desfilaron ante mi ejemplares que hacía años que ni recordaba. Historias, personajes, situaciones, desenlaces iban pasando rápidamente por mi mente al ritmo vertiginoso con que los iba limpiando y colocando en las estanterías.  Unos tras otros, la rutina de la limpieza, las ganas por acabar la faena. En mitad del proceso, apareció, miré la portada, lo limpié,  lo coloqué en sus sitio, era uno más. Sin embargo, no lo era, hacía más de diez años que lo había leído por primera y única vez. Me llenó, me gustó, me dejó buen sabor de boca, dejó su huella en mi corazón y pasó a ocupar su lugar en la estantería. Más de diez años después, cuando más lo necesitaba apareció ante mí y me llamó. Ha sido el primer libro que he vuelvo a releer.

Me llamó a gritos o quizás yo le llamara a él. Su autor lo escribió para que yo lo leyera dos veces con una diferencia de más de un década. Quizás sea una falta de humildad, una osadía, una locura o una simple estupidez pensar que un autor que no conoce de mi existencia, que ha vendido millones de libros, escribiese este para que yo lo leyera dos veces con un intervalo de más de diez años. Locura, soberbia, osadía, estupidez y todo lo que queráis añadir, pero os puedo asegurar que eso es así.

En medio de mi desierto, en medio de mis dudas, teniendo después de mucho tiempo consciencia de que estaba en medio de una lucha cruenta, cuando por momentos me veía derrotado, cuando no dejaba salir al niño que hay en mi, en mi desesperación invoqué ayuda, quería pelear, quería ganar, pero yo era más fuerte que yo. Se que será difícil, que habrá muchos más obstáculos, más enemigos, más batallas, pero he decidido luchar por la felicidad, por el amor, por hacer mi sueños realidad. Locura, soberbia, osadía, estupidez y todo lo que queráis añadir, pero os puedo asegurar que eso es así.

 ¿Un libro mágico? Solo los niños y los locos creen en la magia.

finisterreNota: Mientras escribía este pequeño relato, he recibido una entrañable e inesperada llamada de teléfono. Alguien con la que hasta hoy,   había hablado no más de seis o siete pequeñas conversaciones intrascendentes. Lo más curioso de todo es que la llamada era desde un pueblecito llamado Muxía. ¿Mágico? Cosas de niños y de locos.

Espero vuestras opiniones ( santiago.cordero@jerez.es , @santixerez en Twitter y también en Facebook).

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Acerca de Santiago TO Santiago

La vida te mata y te da vida... las autopistas se convierten en veredas que obligan a sacar lo mejor de tí....
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