La sonrisa del espejo

Todo carecía de sentido. Se fue sin dar ninguna explicación. No puede ser. Primero fue la sorpresa, luego la ira, después el dolor, siguió la pena y en medio de todo la incomprensión. Mil preguntas sin sus respuestas. Yo quiero respuestas. Necesito respuestas. Le amo con todas mis fuerzas. Le amo con todo mi corazón. Le amo por encima de todas las cosas y se fue sin dar explicación. Lucharé por mi amor. Lucharé por él.

Lloraba y cada lágrima me hacía más y más daño. Unas resbalaban por la mejilla arañando lentamente como si un puñal afilado quisiera dejar una marca de amor sufrido a su paso. Otras lágrimas quemaban con un río de magma en su lento descenso desde el volcán. A pesa de ello, solo el dolor me daba consuelo. Ese dolor era la prueba fehaciente de su amor incondicional.

La casa era inmensa sin él. La luz de las lámparas me dañaba la vista, solo la penumbra me ayuda a sobrevivir. Casi de manera autómata me levanté, me duché, me aseé frente al espejo sin mirarme en él, claro está, las dolientes no debemos hacer un espectáculo de nuestro dolor. Una vez me sequé la cara, mientras dejaba la toalla en su reposo, me concedí una mirada de soslayo al cristal. Fue un instante, menos que eso incluso, no vi lo que vi. No quise verlo. Salí del cuarto de baño camino de mi dormitorio para terminar de vestirme. Faltaba él. Faltaba su amor. ¿Porqué te fuiste? La mil preguntas como los diez mandamientos también se resumían en una. ¿Porqué te fuiste mi amor? Necesito tus respuestas.

Fue un instante, menos que eso incluso, no vi lo que vi. No quise verlo. Pero mientras me abrochaba el sujetador lo recordé nítidamente. No podía ser, así de simple, pero me detuve. Lo vi. Sí que lo vi. Me vi, era yo, quien si no. Claro que era yo, pero reía. Por un instante, el miedo, una oleada de calor recorrió mi cuerpo desde las plantas de los pies hasta la cabeza. Yo. Dejó caer el sujetador al suelo. Yo. Me dirigí lentamente hacia el aseo. Yo. Encendí la luz. Temblaba. Yo reía. Era absurdo. Finalmente di el último paso y encaré el espejo.

Allí estaba ella, bueno yo. Allí estábamos, mi reflejo y yo. Las dos asustadas, tristes, ojerosas, despeinadas. Vamos, hechas un asco. La noche de insomnio, la pena, el dolor, la soledad, el miedo y aquella sonrisa que no era se agolparon de nuevo en mis ojos. Lloré de nuevo, lloramos. Frente a frente lloramos, nos desahogamos. Me desahogué una vez más. Tenía que marchar a trabajar. ¡Ea! Respiré profundamente, me enjuagué los ojos, me sequé la cara por segunda vez aquella mañana. ¡Ea, vámonos! Mi miré de nuevo al espejo. Sonreía.

sonrisaQuedé paralizada. El pánico se adueño de mi. No podía moverme. Nos mirábamos fijamente. Su sonrisa estaba allí de nuevo. Me sonreía, en fin mi sonrisa en el espejo era de felicidad. Eso, sin saber porqué, me tranquilizó rápidamente. Sus ojos clavados en mi, bueno mis ojos reflejados en el cristal me miraban tanto como los míos a ellos. Notaba como mi cuerpo se destensaba. Siempre me había gustado mi sonrisa, es más, normalmente siempre sonreía. Todos decía que mi sonrisa les maravillaba y entonces yo sonreía más. Ahora sonreíamos las dos. Sonreía yo y se reflejaba en el espejo, al revés no podía ser o sí.

No se quien habló primero. No sé si me lo inventé. No puedo explicarlo mejor, porque fue así de simple. El caso es que hablamos un rato, bueno más ella que yo.

El amor no necesita respuestas.

Tus miedos sí.

El amor no necesita respuestas.

Tus errores sí.

El amor no necesita respuestas.

Tu comodidad sí.

El amor no necesita respuestas.

Tu soledad sí.

El amor no necesita respuestas.

Tu inseguridad para caminar sí.

El amor no necesita respuestas.

Tu egoísmo sí.

El amor no necesita respuestas.

Tu deseo de poseer sí.

El amor no necesita respuestas.

Tu dolor sí.

El amor no necesita respuestas.

Tu fragilidad sí.

El amor no necesita respuestas.

Tu pasión sí.

 

El amor que eres capaz de regalar solo quiere sonreír.

El amor que eres capaz de regalar solo hace feliz.

El amor que eres capaz de regalar comprende el miedo, los errores, la comodidad la soledad, la inseguridad, el egoísmo, el deseo de poseer, el dolor, la fragilidad, la pasión.

El amor que eres capaz de regalar, lo comprende todo sin necesidad de respuesta alguna.

El amor que eres capaz de regalar sabe de todas tus dificultades, pero tu vida solo tendrá sentido si eres capaz de desprenderte de él y de regalarlo a los demás.

El amor que eres capaz de regalar sabe todo eso y por eso sonríe en tus labios antes de partir.

El amor que eres capaz de regalar sabe tiene que salir para dejar paso a la felicidad.

El amor que eres capaz de regalar no lucha, solo sonríe antes de partir.

Me besé en el espejo y me marché a trabajar. Era muy tarde.

Me llevé mi sonrisa.

 

Nota: ya me decís que pensáis. Un abrazo, Santi ( santiago.cordero@jerez.es , @santixerez en twitter o en facebook)

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Acerca de Santiago TO Santiago

La vida te mata y te da vida... las autopistas se convierten en veredas que obligan a sacar lo mejor de tí....
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