Galicia enigmática

22-10 paisaje 5Reía, respiraba, sentía tranquilidad, tenia esa sensación de estar donde y cuando debía. Los días anteriores habían sido muy duros, muy emotivos, complicados y, afortunadamente, muy positivos. Santiago estaba muy cerca, en el Tour de Francia o en la Vuelta ciclista a España lo suelen llamar etapas de transición. Un trámite obligado antes de alcanzar la meta.

En tres o cuatro días estaría en la plaza del Obradorio, llegaría a la catedral de Santiago, punto final de este Santiago TO Santiago, punto de comienzo para el resto de mi vida.

Sobre todo reía, respiraba, sentía tranquilidad, tenía esa sensación de estar donde y cuando debía. La Galicia rural del camino tiene su encanto, en el fondo me evocaba las primeras etapas en Saint Jean, Roncesvalles, Larrasoaña. El verde era oscuro, poderoso, con muchos matices. Escala de ocres gracias a la madera, la piedra y el otoño, que aportaban una sensación de vejez, de antigüedad, de tristeza, de quietud.22-10 detalle 5

Llegó el momento de vivir con sosiego, placidez, reposo cada paso del camino. Ahora no había prisa ninguna. No había dudas que despejar. Ni incertidumbres que resquebrajara el espíritu. Mi crisis era parte de mi, sin recelos, sin miedos, sin reparos.

“Algunas flores sólo viven unos cuantos días;

todo el mundo las admira y las quiere,

como a señales de primavera y esperanza.

Después mueren, pero ya han hecho lo que necesitaba hacer”

 

Elisabeth Kübler-Ross

La rueda de la vida pag. 282

22-10 detalle 1Ahora estaba seguro que una etapa de mi vida terminaba, que debía empezar otra, pero que la que se terminaba, la que se cerraba, incluso la forma dolorosa que la había cerrado, tenía su sentido.

Reía, respiraba, sentía tranquilidad, tenia esa sensación de estar donde y cuando debía.

Ya llegarían otros problemas, otros malos momentos, otros obstáculos, otras crisis, otros cambios, otros caminos. Santiago TO Santiago me había enseñado a enfrentarme a ellos, a mirarlos a la cara, a comprenderlos, aceptarlos, a convivir y superarlos.

Santiago TO Santiago se había convertido para mi en el capullo de una crisálida, envoltura de seda, que permitía mi transformación, el paso de una etapa de mi vida a otra. La cubierta que me hacía salvar la perdida de mi trabajo, las cómodas circunstancias que me habían arrastrado hasta ese punto del camino. El envoltorio que me permitiría salir volando, renovado, ilusionado y cargado de esperanzas hacia un futuro incierto por descubrir.

Pero aquellos últimos días antes de llegar a Compostela eran para caminar con 22-10 paisaje 1tranquilidad, con los sentidos abiertos de par en par, dejando que la luz, los colores, los sonidos se fundieran contigo ( no hablo de los olores, porque Galicia es la tierra de la vacas…) Bromas aparte, aquellos últimos días de mi (nuestro) Santiago TO Santiago fueron muy cómodos en general.

Recodé como, cuando era niño, don Xulio, aquel buen hombre, grande, viejo, orondo, apagaba la luz del salón de mi casa, prendía fuego al orujo en el recipiente de barro, los granos de café, la llama azulada danzando, el olor punzante del líquido al quemarse. Los mayores alrededor, yo en medio de mis padres. don Xulio Muiño en frente mi, al otro lado de la tartera de ardiente, ensimismado, haciendo el conjuro de la queimada. Recordé aquellos momentos que nunca volvería a vivir, pero que se me representaban muy intensos en la memoria. Galicia enigmática.

22-10 arbol “Mouchos, coruxas, sapos e bruxas.

Demos, trasgos e diaños, espíritos das nevoadas veigas.

Corvos, pintigas e meigas, feitizos das menciñeiras.

Podres cañotas furadas, fogar dos vermes e alimañas.

Lume das Santas Compañas, mal de ollo, negros meigallos, cheiro dos mortos, tronos e raios.

Oubeo do can, pregón da morte, fociño do sátiro e pé do coello”.

¡¡¡BESOS desde el CAMINO!!!

Reía, respiraba, sentía tranquilidad, tenia esa sensación de estar donde y cuando debía.

Hace años había leído el libro de Elisabeth la rueda de la vida, incluso lo había regalado a una amiga. Al escribir sobre esta etapa, sobre como me sentía, por esa tranquilidad, esa calma que me embargaba, he sentido el impulso de coger el libro de mi biblioteca, de buscarlo. Solo he tardado unos segundos en encontrar los textos que me llamaban. El primero ya os lo he dejado escrito. El último dice:22-10 paisaje 4

“En algún momento los enfermos se van a sentir muy deprimidos por los cambios que están experimentando. Eso es natural. ¿Quién no se sentiría así? No pueden seguir negando la enfermedad ni asimilar todavía las grandes limitaciones físicas… Se producen cambios drásticos y debilitadores en la apariencia física. Una mujer se amarga porque la pérdida de un pecho la hace menos mujer. Cuando este tipo de preocupaciones se expresan y se tratan con sinceridad, los pacientes suelen reaccionar maravillosamente.

El tipo de depresión más difícil viene cuando el enfermo comprende que lo va a perder todo y a todas las personas que ama. Es una especie de depresión silenciosa; ese estado no tiene ningún lado luminoso. Tampoco hay ninguna palabra tranquilizadora que se pueda decir para aliviar ese estado mental en que se renuncia al pasado y se trata de imaginar el inimaginable futuro. La mejor ayuda es permitirle sentir su aflicción, decir una oración, simplemente tocarlo con cariño o sentarse a su lado en silencio.

Si a los enfermos terminales se les da la oportunidad de expresar su rabia, llorar y lamentarse, concluir sus asuntos pendientes, hablar de sus temores, pasar por esas fases, van a llegar a la última fase, la aceptación. No van a sentirse felices, pero tampoco deprimidos o furiosos. Es un período de resignación silenciosa y meditativa, de expectación apacible. Desaparece la lucha anterior para dar paso a la necesidad de dormir mucho, lo que en Sobre la muerte y los moribundos yo llamo: el último descanso antes del largo viaje.”

 

Elisabeth Kübler–Ross

La rueda de la vida pag. 200

22-10 detalle 2Yo además de esa tranquilidad, reía porque afortunadamente mi crisis solo era la perdida injusto de un trabajo, pero estaba lleno de salud y de vida.

Reía, respiraba, sentía tranquilidad, tenia esa sensación de estar donde y cuando debía.

 

Nota: En negrita parte del conjuro gallego que os dejé escrito aquel 22 de octubre desde el albergue, al final del día.

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Acerca de Santiago TO Santiago

La vida te mata y te da vida... las autopistas se convierten en veredas que obligan a sacar lo mejor de tí....
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