Amanece

15-10 amanecer 5El día estaba despertando. Los  primeros rayos del sol acariciaban el rostro de los dos ancianos. Hacía años que no necesitaban dormir toda la noche, el sueño tardaba en llegar y se marchaba muy pronto, parecía que les obligará a permanecer despiertos, conscientes de que estaban vivos, de que apuraban los últimos sorbos de su existencia.

Amanecía. Era un momento dulce, inmenso, de quietud, de paz. El rojo, el naranja y el amarillo comenzaban a teñir de magia, de belleza el oscuro lienzo de la noche. La Luna no quería perderse ese maravilloso instante y de paso, firmaba con su presencia la autenticidad del cuadro.

Uno había sido inmensamente rico, el otro inmensamente pobre. Un viejo había vivido felizmente rico, el otro anciano dolorosamente pobre.

Hacía algunos años que compartían sus caminos, estaban  recorriendo juntos el último trecho. Lo hacían lento, casi en silencio, pero algo les hacía sentir cómodos al caminar juntos.

Cada amanecer, si el tiempo lo permitía, como aquel día, salían al porche de la residencia. Allí se sentaban en dos mecedoras de madera, casi tan viejas como ellos. El sol los iluminaba poco a poco, el calor en las mejillas, lo primero que sentían, era como un regalo, como un beso suave con  el que el  astro de la vida les daba los buenos días. El silencio se rompía por el monótono y rítmico crujir de las hamacas. Por momentos, el vaivén, el 22-10 amanecer Barbadelomovimiento de ambos ancianos sobre sus sillas componían una armonía única, suave, deliciosa. Era una conversación con el sol.

Uno había sido inmensamente rico, el otro inmensamente pobre. Un viejo había vivido felizmente rico, el otro anciano dolorosamente pobre.

Pero a estas altura de la vida, casi les daba igual. Bueno igual no, uno estaba en paz y el otro sufría. Uno tenía casi siempre una sonrisa dibujada en sus labios y el otro una tristeza eterna en su rostro.

Ahora que lo pienso, el pobre, el triste, el infeliz, a esas alturas de su vida, casi no sufría, solo esperaba el final del camino. Solo a veces, muy de tarde en tarde sonreía también y es que la presencia del rico a su lado, las historias que este de vez en cuando le contaba, le hacía sentir alegría, sosiego, incluso ilusión y esperanza. ¡Quien se lo iba a decir a él, a sus años! Llegaba a pensar.

El sol ascendía al son de las mecedoras. El rico al lado del pobre. El pobre al lado de rico. Como nos cantó Jorge Manrique a la muerte de su padre:

Nuestras vidas son los ríos

que van a dar en la mar,

que es el morir;

allí van los señoríos

derechos a se acabar

y consumir;

allí los ríos caudales,

allí los otros medianos

y más chicos,

y llegados, son iguales

los que viven por sus manos

y los ricos.

Los dos viejos escucharon la pregunta de Ra el poderoso:

¿Cuántos días maravillosos recordáis haber vivido?

Uno había sido inmensamente rico, el otro inmensamente pobre. Un viejo había vivido felizmente rico, el otro anciano dolorosamente pobre.

Ambos se balanceaban, de pronto, el pobre detuvo su vieja hamaca de madera. Abrió los ojos, el astro rey le cegó, así que tuvo que apartar la mirada. Giró la cabeza y contempló la delicada y hipnotizadora danza de su último compañero de viaje:

– Ninguno, no recuerdo ningún día feliz en mi vida- comenzó a decir- por muchas vueltas que le doy, no los recuerdo y eso que, gracias a Dios o por desgracia, recuerdo todos mis días.

– Yo tampoco soy capaz de recordar ninguno en concreto – respondió el rico- repaso mi existencia y no sabría decir un día.

Pasaron un buen  rato en silencia. Entonces el anciano rico también detuvo su mecedora y volvió el rostro hacia su compañero de camino, mientras esbozaba una sonrisa en sus labios.

– ¡Bueno! Han sido tantos los días felices, los buenos momentos, las satisfacciones, las alegrías vividas, que no soy capaz de recordar un día con más intensidad que el resto – sentenció el rico.

–  ¡Que cabrón! – le espetó agrio el viejo pobre, mientras soltaba una de sus contadísimas carcajadas.

Ambos se reclinaron al unísono, no estaba ensayado pero lo parecía. Mecieron sus sillas. Cerraron los ojos. Las sonrisas perfiladas. El sol reía sotto voce.

– Y pensar que te encontré hace unos años mendigando. Que creía estar redimiendo mi alma de mis malas acciones al recogerte. Eras rico y nunca tuviste oro. ¡Qué cabrón!– dijo el viejo pobre al viejo rico.

Tras un instante de silencio, en voz alta, pero hablándole solo al sol, que seguía ascendiendo, el pobre dijo – ¡me cegó tu color dorado! – mientras volvía reír, aunque esta vez la carcajada sonó rota, triste.

15-10 amanecer 7Os dejo una imagen de uno de los maravillosos amaneceres que nos esta regalando el Camino.

Ayer me vacié, hoy prefiero leer vuestros deseos, anhelos, miedos, sueños…

Seguimos caminando juntos.

Besos desde el Camino.

SEE YOU!!!

 

Ana María Guerrero Chaves

Santi, ¡¡¡boas noites!!!

18 de octubre de 2012 a la(s) 19:05

Miguel Ángel Segura Rodríguez

Impagable.

18 de octubre de 2012 a la(s) 21:16

Pepe Martin

Santi esto ya esta hecho fiera, tengo muchas ganas de volver a verte ánimo y palante, un abrazo amigo.

18 de octubre de 2012 a la(s) 21:54

Enka Ruma

Al final de esa nube oscura, hay luz…¡uf, q pedazo de pintura!

buen camino…¡¡Peregrino!!…

bss…20-10 amanecer Ocebreiro

18 de octubre de 2012 a la(s) 22:04

Elizabeth Mendoza López

Según tu petición y mi necesidad de desahogarme;

Ayer después de leerte, y de leer la palabra injusticia, se me viene como siempre a la mente esa sensación de impotencia y rabia de por qué no pudo vivir mi madre unos años más, y compartiera con mi familia todos los cambios que vivimos desde que se fue. Sabes… injusticia siento de cómo una magnifica persona como ella era,(sin fumar, ni beber, ama de casa, pendiente de su familia,..) cómo y por qué a ella le entró ese cáncer de pulmón. Si injusta me parece esa enfermedad, más injusto aún lo qué sufrió para irse. Es un pensamiento q diariamente tengo en mi cabeza, su falta al principio lo vi como un descanso para ella y nosotros, como una paz, pero cuantos más días pasan, más la necesito y más la echo de menos.

Esto es algo que no tiene solución, no te queda otra que seguir palante sin ella (y créeme que duele mucho). Bueno, quiero decir que por supuesto sé q no soy la única q perdió un familiar y que a pesar de la pena q llevaré el resto de mi vida. Me siento muy, muy, afortunada y valoro todo lo que tengo y los momentos que comparto con mi gente, pues las injusticias vienes sin avisar. Me hizo madurar, ver las cosas de diferente prisma.

Puedo enrollarme y no parar de escribir, pero no es plan.

No creo en la JUSTICIA, en mi opinión no existe, creo en los valores de las personas y la huella que éstas pueden dejar en otras.

Somos dueños de nosotros y sólo de eso, pero no es poco, podemos hacer mucho, hasta el 21-10 amanecer en triacastelapunto de todo lo que nos propongamos o al menos intentarlo.

Este es mi miedo; que aquellas personas q se van, no vuelvan más.

(por lo demás perdí el miedo)

Un beso.

18 de octubre de 2012 a la(s) 23:34

Santiago Cordero

Un beso Enorme ELI!!!

18 de octubre de 2012 a la(s) 23:41

Manuel Granados

En busca de un nuevo día sin prometer, ni jurar, sin pensar en caer, sufrir, lastimar, odiar- simplemente en creer, amar, perdonar y olvidar……..

Alessandro Mazariegos

Mejora el pie, abrazos

19 de octubre de 2012 a la(s) 0:15

El día terminaba. Las tinieblas volvían una noche más envolverlo todo. Dominaba la oscuridad.

Ambos ancianos estaban acostados. El pobre, se acomodaba en la mullida cama intentado encontrar una postura cómoda que le ayudara a caer en los brazos de Morfeo. El rico, en su rincón, sobre el suelo, solía dormirse antes.

– Que descanses – le deseo el pobre al rico.

– ¿Sabes? Llevo dándole vueltas a la cabeza todo el día – comenzó a decir el anciano rico – quiero que sepas que sí recuerdo algunos días muy buenos en mi vida. Quizás porque son los últimos y los tengo más presentes. Quiero que sepas – quiso remarcar la frase – que estos últimos años, junto a ti, he sido feliz.

El rico, mendigo de las calles, sonreía en medio de la noche. El pobre, amasador de oro, sonreía mientras una lágrima rodaba por su mejilla, se levantó, tiró una manta al suelo, se acostó. Tenía ganas de dormir.

Recuerde el alma dormida,

avive el seso y despierte

contemplando

cómo se pasa la vida,

cómo se viene la muerte             

tan callando,

cuán presto se va el placer,

cómo, después de acordado,

da dolor;

cómo, a nuestro parecer,            

cualquiera tiempo pasado

fue mejor.

El día estaba despertando. Los  primeros rayos del sol acariciaban el rostro del  anciano …

Amanecía.

Nota: En negrita el breve texto que os dejé, junto con vuestros cometarios, desde la majestuosa Villafranca del Bierzo.

Gracias a Don Julián, donde quiera que esté, por enseñarme con pasión los versos de Jorge Manrique. Entonces no lo noté porque lo veía como una obligación.

Gracias a ustedes por hacerme rico con vuestro cariño.

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Acerca de Santiago TO Santiago

La vida te mata y te da vida... las autopistas se convierten en veredas que obligan a sacar lo mejor de tí....
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